Ficción por entregas 6

sábado, julio 26, 2008 | Escrito por | Etiquetas


Charles Dickens escribió la mayoría de sus novelas por entregas. Cuando empezó a escribir Oliver Twist no tenía una novela en la cabeza, sino una idea para empezar una historia. Cada mes añadía unos capítulos que el público esperaba con avidez, y así hasta que en un momento dado decidió que la historia había llegado a su final. Antes, había puesto a prueba la paciencia de sus lectores cuando, al final de un capítulo, el pequeño Oliver recibía un disparo. ¿Habrá muerto Oliver Twist? Los ansiosos lectores de la legendaria Pickwick Papers esperaban obtener la respuesta al mes siguiente, pero Dickens no se la proporcionó hasta dos entregas después.

Es el viejo arte de cortar la narración en el momento justo en que el espectador está a punto de descubrir algo fundamental para dejarle en vilo, deseando la próxima entrega como un yonkie desea su dosis de heroína. Este recurso es más antiguo que la propia literatura escrita. En la antigüedad, cuando la casi totalidad de la población era analfabeta, existía la figura del lector que cobraba por leerles a las gentes humildes las historias que circulaban por entonces. Este lector a domicilio leía unos capítulos durante un tiempo pactado, pero se cuidaba mucho de que cortar en el momento justo, de manera que sus oyentes indefectiblemente le pedían que continuara leyendo, aunque para ello tuvieran que pagar de nuevo.
En la actualidad esta función la cumplen las series de televisión, principalmente las norteamericanas. Cuando pruebas una de las buenas, te engancha sin remedio, y si la tienes en un pack de dvd, lo normal es atiborrarse a ver capítulos seguidos. Este tipo de narración no cuenta con un gran prestigio intelectual. Se suele asociar con seriales, con folletines, con best sellers, en fin, con ficción muy popular. Esto es cierto en el caso de Dickens, de hecho, probablemente no ha existido un autor más popular en la historia de la literatura. Dickens era seguido y amado con pasión por un gran espectro de la población de su tiempo. Sus obras generaban una expectación que no tiene parangón en la actualidad. Los seguidores americanos, incluso esperaban en los puertos de Nueva York gritando sobre la multitud de un barco que arribaba «¿Está la pequeña Nell muerta?»
Dickens conocía el gusto de su público porque cada mes podía comprobar la reacción de éste a la última entrega. Nicholas Nikelby fue escrita en veinte entregas mensuales, casi dos años de expectación.
Dickens cuidaba mucho a su público, por lo que la respuesta de éste podía alterar el final del relato. Como sólo necesitaba mantener una corta ventaja sobre sus lectores, Dickens no cumplía la norma de su coetáneo Anthony Trollope, que decía que “un artista debería tener en sus manos el poder de ajustar el principio de su obra al final”.
Un buen ejemplo de este proceso lo encontramos en la entrada de Dickens en la wikipedia: "La Vieja tienda de antiguedades es una historia de una persecución. En esta novela, Nell y su abuelo huyen del villano, Quilp. El progreso de la novela sigue el gradual éxito de la persecución. Mientras Dickens escribía y publicaba las entregas semanales, su buen amigo John Forster le señalaba a Dickens: «Sabes que tendrás que matarla, ¿verdad?». El porqué de este final, se puede explicar por un breve análisis de la diferencia entre la estructura de una comedia y la de una tragedia. En una comedia, la acción cubre una secuencia «tú crees que ellos van a perder, crees que perderán, ellos vencen». En una tragedia es: «Tú crees que ellos vencerán, crees que vencerán, ellos pierden». Como se ve, la conclusión dramática de la historia está implícita en la novela. Así, cuando Dickens escribió la novela en forma de tragedia, el infortunado desenlace era una conclusión ya sabida. Si él quería que su heroína perdiera, no debió completar la estructura dramática. Dickens admitió que su amigo Forster tenía razón y, en el final, la pequeña Nell fallece. Dickens también admitió que no deseaba matar a Nell, pero era un novelista y tenía que completar la estructura de la novela".

En muchas ocasiones, Dickens sólo llevaba una entrega de ventaja sobre lo publicado, por lo que la presión debía ser enorme: “la periódica enfermedad del párrafo” según su propia definición. Sin embargo siempre pensó que el esfuerzo merecía la pena: “Otros escritores presentan sus sentimientos a sus lectores, con la reserva y la circunspección del que ha tenido de prepararse una aparición en público… Pero el ensayista periódico entrega a sus lectores los sentimientos del día, con el lenguaje que esos sentimientos han inspirado”. La entrega periódica hace sufrir al autor, eso no cabe duda, pero la presión da como resultado, en muchas ocasiones, las mejores páginas.
Mi amigo Nicolás me decía ayer mismo que es en estos casos, cuando tienes la presión de entregar algo de manera ineludible, cuando salen las mejores cosas.

La ficción por entregas es un formato muy interesante cuando se tiene libertad y los medios necesarios, incluyendo el tiempo como el más necesario. Cuando uno empieza una historia y sabe que va a ser larga, (a veces todo lo larga que se pueda), se activan mecanismos mentales diferentes que los que se usan cuando tienes que escribir una obra cerrada, como por ejemplo una película. Dos de las pesadas losas que uno se echa a la espalda cuando inicia la escritura de un guión para largometraje desaparecen: la necesidad de decidir muy pronto el final y la dificultad de comprimir en una duración razonable todo lo que se quiere contar.

La ficción por entregas también tiene sus riesgos. Si se extiende demasiado en el tiempo puede alejarse del estilo inicial y defraudar a sus seguidores. En televisión, a veces no es la excesiva duración de una serie lo que la hace perder su personalidad, sino las decisiones que toman los responsables de la misma. En el argot televisivo esto se llama “saltar el tiburón”. La frase procede de una serie en la que el protagonista salta un tiburón cuando está haciendo esquí acuático, se supone que debido a que los guionistas ya no sabían que hacer. Saltar el tiburón significa traspasar la frontera de lo sensato, de lo razonable: a partir de ahí se desplomará en caída libre con argumentos cada vez más peregrinos e inverosímiles.

Por suerte, Dickens nunca saltó el tiburón. Cuando hoy leemos Oliver Twist no percibimos su origen fragmentario, y eso que empezó a escribirlo cuando aún no había acabado Nicholas Nikelby. Quizá si Dickens no hubiera publicado sus obras por entregas, hoy no serían tan universalmente reconocidas.

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6 Reply to "Ficción por entregas"

miriam on 30 de julio de 2008, 5:16

Hola puntooo!

esto de lo que hablas lo intentan muchos bloggers hoy en día. algunos como http://bestiaria.blogspot.com/ consiguen con ello volver a la forma original, la publicación de un libro de esos relatos por entregas.

besitos!

 

puntomatic on 30 de julio de 2008, 16:55

Gracias Miriam, echaré un vistazo a bestiaria. Aprovecho para animarte a que escribas TODOS los días, aunque sea un poquito.
Besos.

 

Karina Pacheco on 7 de agosto de 2008, 14:38

¡Hola!

Concuerdo con Nicolás, muchas veces es en los momentos de presión para escribir cuando se exprimen las gotas de inspiración (o memoria transformadora) que le dan al relato los puntos más fuertes o delirantes. ¿Qué mecanismos se activan? No lo sé. Como tampoco sé porqué muchos escritores, como es el caso de Dickens, pueden tener más o menos claro qué quieren contar como tema(s) central(es), pero para ellos mismos el final que tendrá la historia es un misterio a lo largo del camino. ¿Acaso una metáfora de la vida misma?
Bueno, me he quedado enganchada bastante rato leyendo tu blog, ¡me gusta mucho! A ver si te tomas un poco de tiempo libre y prosigues con las entregas.
Un abrazote:
Karina

 

puntomatic on 8 de agosto de 2008, 12:29

Quizás tengas razón en que la desarrolo de una ficción sea una metáfora de la vida. Si aceptamos que lo que importa en la vida es disfrutar del viaje, más que llegar a una meta concreta, la metáfora se hace más evidente. Un beso Karina!

 

Montoya on 25 de agosto de 2008, 7:41

¿Has visto como sí te leo bobo?

 

Daniel Tubau on 1 de febrero de 2009, 13:38

Es muy interesante lo que dices, porque es cierto que la novela por entregas rompe con una curiosa paradoja de la escritura: que el inicio se escribe siempre al final.
En los folletines no hay más remedio, efectivamente,que dejar el final para el final.
Pero no sé si estoy seguro de lo que dice nuestro común amigo Nicolás: que lo mejor se escribe cuando estás presionado por el plazo final. Más bien tiendo a pensar lo contrario. Es cierto que en esas situaciones se llega a escribir a veces muy bien, pero creo que casi siempre se mejora lo que se escribe si se tiene la ocasión de revisarlo. Al menos eso creo que me pasa a mí, pero tal vez me equivoco.

 
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